BEATITA BENAVIDES

¡Comparte esta nota en tus redes sociales!

Vitral del maestro Julio Fuentes, de San Pedro, hecho como parte de un proyecto Fondart en 2010. Representa a María del Carmen Benavides y Mujica, quien nació en Quillota en 1777. Hija de Francisco Benavides y Javiera Mujica, quienes constituyeron una reconocida familia con 10 hijos, de los cuales dos fueron sacerdotes y otros dos pelearon en la guerra de la Independencia.

A temprana edad quiso ingresar en el convento de las Monjas Rosas y, aunque no lo hizo, optó por usar su hábito de monja dominica. Nunca se casó y los 18 años formalizó la decisión de consagrar su vida a Dios e ingresó al grupo de laicos de la Orden Tercera de Santo Domingo, en el templo de esa congregación en Quillota.

La Beatita, como la llamaron desde pequeña, dedicó toda su vida al cuidado de enfermos y necesitados. Ella misma los curaba, les daba los remedios y lavaba sus llagas. Cinco sobrinas y una ahijada -las palomas- la ayudaron a recoger a la gente más necesitada para llevarla a su casa que se convirtió en un asilo. Cuando ella murió, su partida obligó a crear el Hospital San Martín de Quillota.

Murió el 1 de junio de 1849 a los 72 años. Se decía que levitaba, tenía premoniciones y que desde su sepulcro en el cementerio municipal salía «perfume de santidad», por lo que las autoridades trasladaron su cuerpo al templo de Santo Domingo en Quillota, donde permanece hasta hoy.

A principios de los ’90 fue declarada venerable. En 1999 se enviaron los antecedentes a la Congregación de la Causa de Todos los Santos, en Roma, tras el término de la investigación a nivel local. Desde entonces el proceso de postulación para convertirla en Santa ha avanzado muy lentamente.

Caso para ser beata: sanación de Salomé Castro Contreras, quien padecía de un cáncer hepático avanzado. Luego de haberle extirpado un tumor de 2 kilos, los médicos no le dieron muchas esperanzas de vida. Una amiga le habló de la Beatita y decidió viajar a Quillota luego de experimentar un sueño «revelador y en plena conciencia». Diariamente repetía la oración ante una estampita. Unos meses después, su médico le confirmó que, milagrosamente, ya no quedaban restos de tumor en su cuerpo. El cáncer reapareció años después y fue nuevamente sanado del todo y sin explicación científica.

Hoy la Casa de Acogida para Enfermos Terminales lleva su nombre.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *